El terrorismo Yihad el poder de la muerte

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La destrucción del Estado Islámico, con el presidente Donald J. Trump, no sólo ha privado a los yihadistas de lo que se había convertido en un santuario y campo de entrenamiento; también les privó de la idea de que podrían derrotar rápidamente a Occidente.

Es muy preocupante  según el Centro de Estudios para la inmigración (CEI) que países de América central, como Costa Rica y Panamá estarían ayudando a inmigrantes de Oriente a entrar en los EE.UU.

El islam radical puede estar a la defensiva, pero su ofensiva no ha cesado. Las principales organizaciones islamistas parecen estar esperando el momento para atacar otra vez. Al Qaeda fue recientemente descrita en un informe de la ONU de enero de 2018 como “fuerte”, “influyente” y “resistente”. El Estado Islámico ha perdido territorios que antes gobernó en Siria e Irak, pero, según el informe de la ONU, “la organización sigue transformándose en una organización terrorista con una jerarquía plana, con células y afiliados que actúan cada vez con mayor autonomía”.

Los grupos de yihadistas islamistas siguen activos en Libia, donde controlan las actividades de tráfico de personas e infiltran a sus operativos entre los inmigrantes que tratan de cruzar el Mediterráneo hacia Europa. La policía sigue incautándose componentes utilizados para fabricar dispositivos explosivos y ha desbaratado intentos de atentado en suelo europeo, pero siguen circulando vídeos con instrucciones. La profecía de Gadafi.

Para Hamas, el enemigo israelí es más que un simple oponente geoestratégico. Es, más bien, un objetivo “religioso” delegado programado para la aniquilación, uno cuya eliminación obligatoria y violenta dará vida bendita al eterno sacrificador islámico. “Lo juro”, declara el Pacto de Hamas, “por el poseedor del alma de Muhammad que deseo invadir y ser asesinado por Allah, luego invadir y ser asesinado, y luego invadir de nuevo y ser asesinado”.

Lo que es importante recalcar es que los islamistas radicales usan otros medios aparte del terrorismo para ganar terreno. Los Hermanos Musulmanes, la principal organización islamista suní, jamás ha rechazado la violencia, pero dice que prefiere la da’wa (proselitismo, infiltración e influencia) para alcanzar el poder en el mundo musulmán y más allá. Sayid Qutb, su líder en la década de 1950, dijo que el objetivo de los Hermanos Musulmanes era “establecer el régimen islámico” allá donde fuese posible, por “cualquier medio al alcance”. Sus miembros pueden haber pensado que estaban logrando su objetivo durante la revuelta que los periodistas llamaron “Primavera árabe”. Por desgracia para ellos, el intento del expresidente egipcio Mohamed Morsi de convertir Egipto en un Estado islámico totalitario, y la crisis económica que le siguió, dio lugar a una toma del Gobierno por parte del actual presidente de Egipto, Abdel Fatah al Sisí, y a una represión que erradicó a la organización allí. Los Hermanos Musulmanes, sin embargo, no han desaparecido. Siguen teniendo el apoyo de Turquía y Qatar, y Hamás se fundó como la rama palestina de los Hermanos Musulmanes.

Las informaciones señalan ahora que los miembros de los Hermanos Musulmanes pueden recurrir ahora a una red de afiliados en más de 70 países. Mantienen su esperanza de ganar en todo el mundo musulmán, pero su objetivo principal parece seguir siendo transformar Occidente.

Los líderes delos Hermanos Musulmanes parecen pensar que si Occidente cae, el resto del mundo caerá después. En EEUU, los Hermanos Musulmanes tienen ramas no oficiales que intentan ocultar lo que son en realidad, pero están muy activas; entre ellas se encuentran el Consejo para las Relaciones Islámicas Americanas (CAIR) dependiente de La Organización de Cooperación Islámica y la Sociedad Islámica de Norteamérica (ISNA).

El terrorismo, especialmente el terror yihadista, se ha convertido en una obligación de seguridad constante en los Estados Unidos, Europa y, por supuesto, Israel. Sin embargo, se ha dirigido muy poca atención y esfuerzos reales hacia la identificación puesto que identificado el origen si lo está y remedios para tales peligros están bastaría que los países que los crearon y los gobiernos que aún hoy les siguen financiando dejaran de hacerlo.

Brzezinski confesó otra realidad: que los yihadistas no entraron desde Pakistán para liberar su patria de los ocupantes infieles soviéticos, sino que seis meses antes de la entrada del Ejército Rojo a Afganistán, EEUU puso en marcha la Operación Ciclón el 3 de julio de 1979, enviando a 30.000 mercenarios armados incluso con misiles Stinger a Afganistán para arrasar el país, difundir el terror, derrocar el  gobierno marxista del Doctor Nayibolá y tender una trampa a la URSS: convertirlo en su Vietnam. Y lo consiguieron. A su paso, violaron a miles de mujeres, decapitaron a miles de hombres y provocaron la huida de cerca de 18 millones de personas de sus hogares, casi nada.

Las organizaciones islamistas están presentes y creciendo. A menudo, aúnan fuerzas para promover campañas de intimidación y presionar a los gobiernos, los grandes medios y las universidades para prohibir toda crítica al islam e imponer una creciente islamización de la vida cotidiana. Los ejemplos incluyen los esfuerzos por cambiar los programas académicos para presentar la civilización musulmana con una luz más atractiva; los esfuerzos por tener hospitales que acepten que las mujeres musulmanas sean examinadas únicamente por doctoras, y que las agencias de servicios sociales deben respetar la poligamia. Muchas organizaciones recurren al apoyo de los “compañeros de viaje”, principalmente occidentales que odian la civilización occidental y pueden ver el auge del islam como un medio para desestabilizarla. Quieren, y consiguen, resultados.

Musulmanes que ahora vive en Alemania, Islamic Fascism. Abdel-Samad dice lo que los líderes europeos occidentales se niegan a ver: “El islam es una religión de guerra”. En una entrevista reciente, añadió que cuando un país no musulmán es fuerte, “el islam puede acabar accediendo a convivir”, pero cuando un país no musulmán es pasivo “vuelve la guerra” sobre el horizonte. Esta guerra, continuó, “puede ser violenta. Puede ser no violenta. Los países europeos occidentales muestran todos los síntomas de ser pasivos”.

En última instancia, es el atractivo de esa promesa lo que puede determinar el éxito o el fracaso de los movimientos terroristas. ¿Cómo, entonces, se puede contrarrestar este atractivo tan estimulante? El mundo gasta cantidades ingentes de dinero en la lucha contra el terrorismo, pero gasta mucho, muchísimo más en la creación y apoyo al terrorismo.

Nuestra tarea principal la de los ciudadanos sería rechazar todos estos fundamentos doctrinales asumidos por los gobiernos, esta tarea puede lograrse. Al final, nuestra guerra contra el terror yihadista debe librarse en el campo de la batalla principal en nuestra “mente” contra los gobiernos. ¿Supervivencia o muerte de Europa?

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