Kosovo y Serbia el conflicto que no cesa

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“La plena soberanía y la integridad de Serbia en Kosovo y Metohija no puede ser puesta en cuestión bajo ninguna circunstancia”, declaró la Sagrada Asamblea de Obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia, así se expresaron los Obispos en un comunicado a principios de noviembre. Su posición impide avanzar en una solución y favorece la vuelta de los fantasmas del pasado.

El conflicto de Kosovo es un asunto que todavía hoy no se ha resuelto por completo. Las tensiones étnicas, religiosas y políticas entre los pueblos serbio y albanés se remontan a tiempos ancestrales y parecen no dejar espacio para una reconciliación.

Hace apenas unos meses parecía que todo podía ser diferente: Serbia y Kosovo negociaban en Bruselas una posible resolución al conflicto; se barajaba un posible intercambio territorial que facilitase el proceso; a EEUU le entraban las prisas y daba a entender que había llegado la hora de retirar la misión de la ONU en Kosovo (Unmik), apoyando la creación de ejército profesional kosovar; e incluso España parecía dispuesta a aceptar el balance de fuerzas y reconocer la independencia de este territorio, siempre y cuando se llegase a un acuerdo pacífico entre las partes.

Serbia no ve prácticamente ninguna posibilidad de una solución rápida al largo conflicto con su antigua provincia de Kosovo, que se independizó unilateralmente en 2008, aseguran medios de comunicación de Belgrado.

Han bastado menos de cuarenta días para que todo ello saltase por los aires. En octubre, el voto en el parlamento de Prístina autorizando la entrega de armamento pesado a las fuerzas de seguridad kosovares (con la idea de convertirlas en el germen de un futuro ejército) alarmó a Belgrado, que consideró que una entidad armada constituida total o mayoritariamente por kosovares supondría un peligro para la minoría serbia del norte del territorio, y se reservó el derecho a “actuar en consecuencia” para protegerles. Pero el verdadero punto de inflexión tuvo lugar a finales de noviembre, de la forma más inesperada y en el lugar más improbable: Dubai.

Durante cuatro días, tuvo lugar una sesión plenaria de Interpol, la agencia internacional de cooperación policial con sede en Lyon, y a la que pertenecen 192 países del mundo, más que a Naciones Unidas. Llevadas por la euforia del cambio coyuntural en el que están inmersos, las autoridades kosovares tenían la expectativa de convertirse en su miembro número 193. Para ello necesitaba el apoyo de dos tercios del plenario, u 88 votos. Solo consiguió 76. Un total de 56 países votaron en contra y 22 se abstuvieron.

Era la tercera intentona fallida de Kosovo, que culpó a “la salvaje campaña de Serbia” en su contra. “Votar contra el acceso de Kosovo a esta organización internacional solo sirve a los criminales y nadie debería regocijarse”, declaró el Gobierno kosovar. Pero para Belgrado, además de un paso más hacia la independencia definitiva de Kosovo, su integración contenía un temor adicional: el de que las autoridades kosovares tratasen de utilizar los mecanismos de la organización la célebre “notificación roja”, entre otras para emitir órdenes de detención internacional contra los oficiales serbios que participaron en la campaña de Kosovo a finales de los años 90, que Prístina califica de criminales de guerra.

Para complicar aún más la situación, el pasado 23 de noviembre la policía kosovar arrestó a tres personas como sospechosos del asesinato de Oliver Ivanovic, un político serbio-kosovar moderado considerado un importante mediador entre ambas comunidades, que fue tiroteado en su oficina de Mitrovica en enero. La detención provocó protestas y disturbios en esta ciudad, capital de la minoría bosnia en el norte de Kosovo. El primer ministro kosovar Ramush Haradinaj aseguró que las detenciones carecía de motivación política: “Aseguro a todos los ciudadanos del estado de Kosovo y las instituciones de orden público que la operación policial no está orientada contra ningún grupo étnico o político”. escribió en su página de Facebook.

El ministerio de Exteriores de Moscú consideró las detenciones “una provocación en la parte de población serbia” de Kosovo. “El camino de Prístina hacia la limpieza étnica y el estallido de una guerra comercial en los Balcanes es evidente”, dijo en un comunicado.

Tras las detenciones, la policía kosovar trató de detener al empresario y líder político serbio Milan Radoicic, cuyo hogar fue objeto de una redada ese mismo día. Radoidic se encuentra desde entonces en paradero desconocido, y asegura que las autoridades kosovares quieren matarle. Por todo ello, las instituciones locales y los tribunales en el norte de Kosovo han interrumpido su comunicación con Prístina. “Los representantes serbios me han informado que desde hoy, la administración municipal que funcionaba según el sistema albanés de Prístina en el norte ya no funciona”, declaró el representante de Belgrado para Kosovo, Marko Djuric. El resultado es una situación potencialmente ingobernable en el norte del territorio, que ha quedado, por ahora, fuera del alcance de las autoridades de Prístina.

EEUU apoyaba la candidatura kosovar, y su embajada señaló que su entrada en Interpol “nunca tuvo que ver con el reconocimiento de la independencia de Kosovo, sino con reforzar la cooperación de las fuerzas policiales globales y con cerrar un agujero crítico de seguridad en los Balcanes”. Pero ya era tarde: Kosovo tendrá que esperar por ahora.

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Serbia vuelve a rechazar el ultimátum de EEUU y defiende sus lazos con Rusia y Washington advirtió a Pristina que si el Parlamento de Kosovo da marcha atrás a la ley sobre el Juzgado Especial para Crímenes Cometidos por el Ejército de Liberación de Kosovo considerada una organización terrorista EEUU dejará de brindarle apoyo.

Eso no significa que se fueran a quedar de brazos cruzados: al día siguiente, el 21 de noviembre, Kosovo impuso aranceles del 100% a las importaciones desde Serbia y Bosnia para “defender sus intereses vitales”, que se sumaban a otras del 10% decretadas dos semanas antes. Si esta primera medida había reducido las exportaciones desde ambos países a la mitad, ahora han caído prácticamente a cero, según el director del servicio de Aduanas de Kosovo, Adriatik Stavileci. Las importaciones kosovares de bienes serbios suponen unos 400 millones de euros al año, y llegaron a los 440 millones en 2017.

En medio de todo esto, pese a la sangre fría de Vucic (que ya critico la intervención de Soros) probablemente el más interesado en alcanzar una solución negociada al conflicto los obispos ortodoxos serbios están promoviendo la agitación en contra de cualquier concesión. No solo exigen que se mantengan las fuerzas de la ONU, la KFOR (la misión de la OTAN en Kosovo) y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), sino que consideran Kosovo “el corazón de la espiritualidad ortodoxa serbia y de su identidad”, y por lo tanto un territorio irrenunciable.

Aunque el presidente serbio Aleksandar Vucic dice que no piensa tomar contramedidas por ahora, los grandes perjudicados por esta situación son los serbios de Kosovo, llevan días organizando importantes movilizaciones contra los aranceles. En consecuencia, los alcaldes de las cuatro localidades de mayoría serbia han dimitido por la “inhumana” decisión de Prístina, que impide “el suministro y la distribución normal de bienes desde Serbia y Kosovo”, según Goran Rakic, alcalde de Mitrovica, uno de los que ha renunciado a su cargo. También consideran el caso de Radoicic “una violación de derechos humanos”.

En estos últimos días, Serbia se ha ganado algunas simpatías internacionales ante el aparente exceso de celo de los kosovares. La jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, ha exigido a Kosovo que elimine los aranceles, puesto que “no aporta ninguna solución a los problemas de la gente o a las aspiraciones de Kosovo en el presente y futuro”, y “solo complica aún más la situación”.

En el mismo sentido se ha expresado el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, ha pedido a Prístina que haga un esfuerzo por “evitar provocaciones y desatar tensiones”. “Normalizar las relaciones entre Kosovo y Serbia es la única forma de abrir el camino hacia la futura integración de ambos países en la comunidad occidental de naciones”, afirmó tras un encuentro con el presidente kosovar en Washington el pasado 27 de noviembre.

Kosovo no cede, y tampoco parece que vaya a hacerlo Serbia. Con el norte del territorio fuera de control y las posiciones en ambos bandos más enquistadas que nunca, las perspectivas de una paz negociada inmediata parecen evaporarse por momentos.

Este aún grave conflicto sin cerrar ya empieza a arder que junto al de Ucrania e intervención de Soros y otras agencias, es un inminente peligro para Europa, se impone con urgencia la creación del ejército europeo y la UE se distancia de las políticas agresivas bélicas del expansionismo de los EE.UU.

Y una excelente noticia; Hungría expulsa a la Universidad Centroeuropea, fundada por George Soros, ha sido obligada a irse de Hungría en “una expulsión arbitraria” que viola la libertad académica, según informo este lunes su rector en un comunicado, y confirmó planes para inscribir a nuevos estudiantes en la vecina Austria el próximo año. ¿Qué hará Austria? Ya que cuenta con una oficina en (Viena, Austria) aún es una incógnita, las relaciones entre Kurz y Soros no son nada buenas.

Donde opera Open Society en el mundo, tiene oficinas abiertas en Pristina, Kosovo Belgrado, Serbia además de otras naciones y en Ucrania tiene cinco sociedades llamadas “oficinas satélites” en; Lviv, Ucrania, Kharkiv, Ucrania, Odesa, Ucrania, Dnipro, Ucrania, Kiev, Ucrania. Y en España Iniciativa de sociedad abierta para Europa Barcelona, España.

Aviso ya “Marruecos se retira de la coalición liderada por Arabia Saudita” lo que supondrá 70.000 tropas frente a Ceuta y Melilla.  Y Macron quiere acercar Argelia y Marruecos en la crisis saharaui, pero “se olvida del Polisario” está en juego el oleoducto ARAMCO.  Las tropas de Marruecos ya participaron en el asedio a Kosovo con la OTAN, y ahora lo harán primero contra el Frente Polisario para permitir el oleoducto de ARAMCO desde Nigeria y luego en Europa a través de Doñana. Solo que ahora serán al menos 100.000 soldados que ahora se encuentran con el ejército saudí en Yemen. Peligro inminente para España.

 
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