La cumbre ruso-turco-iraní en Teherán

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La cumbre ruso-turco-iraní en Teherán subrayó la determinación de la República Islámica a llevar una activa y parte central en el futuro la reconstrucción de Siria con el fin de promover una amplia gama de intereses civiles y la seguridad que están obligados a trabajar para Detrimento de Israel.

Una complejidad que se refleja (y así lo expongo sobre Siria) en el pequeño, atormentado y entrañable país que llamamos el Líbano, paradigma de la extrema complicación de la región: cristianos maronitas, musulmanes, drusos, chiitas, sunitas, sirios, palestinos y un largo etcétera; sustentado en unos precarios equilibrios políticos, étnicos y religiosos concretados en una frágil e intrincada arquitectura institucional que no ha podido impedir larguísimos años de guerra civil (de 1975 a 1990). Además, el llamado «país de los cónsules» ha sufrido injerencias constantes de potencias extranjeras en su devenir político y sigue sufriéndolas, la última desde Arabia Saudí al intentar forzar la dimisión del primer ministro sunita Hariri.

El 7 de septiembre, los presidentes de Rusia, Turquía e Irán se reunieron en Teherán en un intento de llegar a acuerdos sobre el futuro de Siria en general y la inminente ofensiva en el distrito de Idlib el último bastión del régimen de Assad contra los rebeldes en particular. A pesar de la apariencia hacia fuera la exhibición de la unidad y el compartido deseo de excluir a Washington de la toma de decisiones sobre el futuro de Siria para hacer el programa sirio su dominio exclusivo, las diferencias entre los tres mandatarios eran inevitables. Lo que dictaba el tono era la tentativa de cada parte para promover a sus propios intereses dispares.

En términos oficiales, Turquía y EEUU son aliados en la OTAN y socios estratégicos. En estos días, su relación parece cualquier cosa menos una alianza o una asociación, pero el cambio no se ha producido de la noche a la mañana.

 Los turcos han acusado a la Administración Trump como hicieron antes con la Administración Obama de armar y financiar a los “terroristas kurdos” en el norte de Siria. Esos “terroristas” son la principal fuerza terrestre de EEUU en la lucha global contra el Estado Islámico. Ankara y Washington llegaron este año a una suerte de compromiso sobre los kurdos sirios y la administración de la estratégica localidad siria de Manbij, pero ese acuerdo parece frágil en el largo plazo.

Tomemos, por ejemplo, el uso de los tres líderes del término “terrorista”. Mientras que Putin y Rouhani se refirieron a la oposición Siria toda como terroristas, Erdoğan limita este plazo a los kurdos y las organizaciones yihadistas suníes como Jabhat al-Nusra. Mientras que el discurso de Putin se centró en la normalización de la situación y el regreso de los refugiados bajo un paraguas dela ONU, Erdogan exigió un alto el fuego inmediato en Idlib para evitar un baño de sangre por el régimen de Assad. Por su parte, Rouhani dedicó su discurso a atacar a los Estados Unidos e Israel, criticando la anterior como un invasor ilegal de Siria y denunciando a Israel como una entidad ilegítima que inflamó las tensiones regionales y exigió el retiro de fuerzas israelíes desde el hemisferio sirio. No menos importante, el presidente iraní expresó su fuerte deseo de la República Islámica de ver la reconstrucción de Siria después de los enfrentamientos.

El fuego cruzado no hace sino cobrar intensidad. El presidente Trump amenazó a Turquía con “mayores sanciones”, a lo que el ministro de Exteriores turco, Çavuşoğlu, repuso: “Jamás toleraremos amenazas de nadie”. Washington sancionó a los ministros de Interior y Justicia turcos congelándoles sus cuentas bancarias en Estados Unidos, gesto hueco porque esas cuentas no existen. El 4 de agosto, Erdogan dictó a su vez sanciones contra los secretarios estadounidenses de Interior y Justicia, intensificando así el conflicto diplomático. (Los estadounidenses tampoco tienen cuentas bancarias en Turquía).

Visto desde el punto de vista de Teherán, la cooperación con Rusia y Turquía, a pesar de sus diferencias sustanciales, es un paso necesario para la realización de sus ambiciones regionales. Conscientes de la centralidad de Moscú en la determinación de Siria agenda política, económica y militar, Irán invierte un esfuerzo considerable en persuadir al Kremlin para consentir en su continua presencia en el país desgarrado por la guerra. Además, Rusia no se percibe sólo como un salvavidas para la futura presencia de Irán en Siria, sino también como un componente esencial para preservar el acuerdo nuclear de 2015 después de la retirada estadounidense del Tratado. Además, Teherán pone mucho esfuerzo en aumentar la inversión extranjera y vistas a China y Rusia como sustitutos importantes de los mercados europeos, que dudan en desafiar las sanciones impuesto nuevamente de la administración de Trump. Es cierto que factores económicos ponen a Teherán y Moscú en los lados opuestos de la división, como la competencia sobre los contratos de reconstrucción Siria y en los mercados energéticos de Asia y el lejano Oriente. Pero Teherán parece consciente de la posición superior de Moscú y es poco probable no superase esos condicionantes.

Erdogan, que suele ser un maestro de la política de confrontación, se ha cuidado hasta ahora de evitar un duelo verbal directo con Trump. En su lugar está intentando fomentar divisiones imaginarias dentro de la Administración estadounidense. En un discurso, Erdogan dijo que a Trump lo están “engañando” y tachó las sanciones estadounidenses de trama imperial. Recurrió a una retórica harto conocida para sostener este argumento: “Esto no es más que la manifestación de un enfoque evangélico y sionista”.

La cooperación con Turquía es igualmente necesaria para la realización de las ambiciones regionales de la República Islámica. Mientras que Ankara y Teherán están en desacuerdo sobre la legitimidad del régimen de Assad y compiten por el liderazgo del mundo musulmán, Turquía ofrece un canal vital para eludir las sanciones de Estados Unidos. Por otra parte, Irán pone grandes esperanzas en Turquía como una ruta de abastecimiento de gas natural a los mercados europeos vía el gasoducto Tabriz-Ankara. Los dos Estados han colaborado en el pasado sobre la cuestión kurda, más recientemente en su campaña conjunta contra el referéndum de septiembre de 2017 en la independencia del Kurdistán iraquí.

En el nivel estratégico, Teherán se esfuerza por transformar Siria en un protectorado, similar al modelo que implementó con éxito en el Iraq post-Saddam y el Líbano desde finales de 2006. Este modelo consta de cuatro círculos traslapados:

  • A través de un “poder blando”.
  • La formación de poderes armados milicias entre voluntarios reclutados tanto en casa como en el extranjero.
  • Intervención militar directa y por cuerpo de Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), en el caso sirio, el ejército iraní también.
  • Reconstrucción civil y militar que permite a Teherán para posicionarse como un factor de apoyo y, en consecuencia, influir en la agenda política desde dentro.

El presidente Turco dijo que “no queremos un baño de sangre”. Se refería a las fuerzas kurdas de Siria “al este del Euphrates” las armas ampliamente facilitadas por Estados Unidos y servicios de inteligencia a estos grupos lo que supone un riesgo para la seguridad de Turquía.

Por muy capaces que sean las milicias kurdas, eso no ha impedido a Estados Unidos desplegar sus tropas en el país. El despliegue ha incluido vehículos de combate Stryker, enviados a la frontera turco-siria en marzo no para combatir al ISIS, sino, según un portavoz de la coalición estadounidense, para, explícitamente, “detener cualquier acción hostil contra la ciudad y sus civiles, posibilitar la gobernanza local y asegurar que no persiste la presencia de las YPG”. Las únicas fuerzas que había que disuadir eran las unidades turcas que llevaban a cabo misiones de combate por tierra y aire contra los kurdos.

Este antagonismo no es precisamente la conducta esperada entre aliados de la OTAN, pero Ankara se está comportando cada vez menos como una capital de la Alianza. Erdogan anunció su intención de suspender todas las compras de armas a Estados Unidos. Esta noticia llega tras el anuncio de los planes turcos de comprar a Rusia sofisticados sistemas de misiles tierra-aire S-400. El acercamiento de Turquía, no sólo a Rusia, también a Irán, otro beneficiario de Moscú, ha hecho que los observadores teman estar asistiendo a un auténtico prodigio: la creación de una alianza antioccidental que incluye a un miembro de la alianza occidental.

Con todo, aunque asediado de infiltración extranjera de países no es un fenómeno nuevo en el Medio Oriente (por ejemplo, de Egipto prolongada Yemen intervención en la década de 1960, la intervención de Siria en la guerra civil libanesa), los recientes levantamientos árabes, especialmente el sirio guerra civil, han sido explotados por Teherán para avanzar en sus ambiciones de hegemonía regional. Esta política afecta directamente el bienestar económico de los iraníes comunes, que dan poco crédito a intento del régimen por atribuir de Irán creciendo el malestar económico a factores externos. Por lo tanto, las manifestaciones que se separa en todo el país en los últimos meses.

Hay límites ideológicos y geoestratégicos al afán turco de alejarse de la OTAN. La Administración estadounidense no debería repetir los errores que el bloque occidental ha cometido con Erdogan desde que éste llegó al poder, en 2002. Tratar con guante de seda a Turquía no la ha hecho anclarse a Occidente. 18/12/2017  Turquía traiciona a la OTAN y los EE.UU.

Hasta ahora, el único ganador de la disputa entre EEUU y Turquía ha sido Moscú (y, en menor grado, Pekín). El conflicto no conducirá a la guerra entre los dos mayores ejércitos de la OTAN, pero sí empujará más a Turquía a la órbita no occidental y su aspiración a formar parte de la UE que de otra forma nunca debería admitir.

 
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