ONGs cómplices para delinquir

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La migración, inmigración, (no hay diferencias entre una y otra) siempre es un drama personal, familiar y social, cuando en donde uno ha nacido se da cuenta que no tiene ninguna forma no solo de prosperar, si no de encontrar un sustento más o menos digno (digno ya se considera una utopía) con el que uno pueda mantenerse y mantener a su familia.

Distinto es el caso de refugiado, una persona pide refugio o asilo en el exterior cuando el Estado del país en el que vive ya no está en condiciones de garantizar su seguridad ni las condiciones mínimas imprescindibles para la vida. Una guerra civil, un enfrentamiento internacional, una catástrofe de la naturaleza y diversos motivos religiosos, étnicos o raciales son algunos de los motivos que pueden llevar a un individuo a refugiarse en otro país.

Fundamentalmente la inmensa mayoría de inmigrantes “refugiados” provienen a Europa de zonas de conflicto bélico y con razón deban huir, ahora bien ¿tiene Europa la obligación acoger a todos?.

Desde el año 1979 es cuando comienza tímidamente los flujos inmigratorios en Oriente Medio si bien esos “refugiados” que huyen de esas guerras permanecen en países fronterizos al suyo, que hasta años después 1998 no empieza el trasiego de unos países a otro, Europa incluida.

De 1950 a 1973 en Europa prosperaron durante el mayor auge sostenido que el capitalismo global haya experimentado jamás. Hasta este punto, durante unos 300 años Europa fueron una fuente de emigración masiva mientras iban conquistando, colonizando y extendiéndose a las zonas del mundo menos desarrollado. Entonces las naciones occidentales y del norte de Europa acogieron ávidamente a trabajadores extranjeros, se convirtieron en países de inmigración y asentamiento, y su población inmigrante crecía al mismo nivel que en EEUU durante los años en los que fue una nación típicamente de inmigración.

Aunque en torno a la década de los años 80 los solicitantes de asilo procedentes de África, Asia y América Latina entraban en Europa, los Estados europeos seguían estando aislados en su mayor parte comparativamente hablando de lo que acontecía en esos otros continentes. Pero en la década de los 90 Europa se precipitó repentinamente hacia su tercera crisis de refugiados. Existieron numerosos factores. En primer lugar, la ruptura del bloque soviético y la guerra en lo que había sido Yugoslavia. En segundo lugar, las guerras de las potencias occidentales en Irak y Afganistán convirtieron a estos dos países en los mayores productores de refugiados. En tercer lugar, el 11S y la “guerra contra el terrorismo” fueron los detonantes de que se produjeran nuevos intentos de restringir, controlar y denegar la entrada. Igual que la noche sigue al día, el nuevo aparato de control hizo que los migrantes y refugiados hallaran otros modos de entrar. Y por eso los duros controles de fronteras, los migrantes desesperados y los contrabandistas oportunistas están íntimamente relacionados.

Por último podemos señalar una cuarta crisis de refugiados en Europa que data de 2011 con un pico en 2014-15. Intervinieron factores como la Guerra de Siria; los Estados frágiles o fallidos de Libia, Afganistán, Irak, Somalia, Sudán y la República Democrática del Congo; una creciente incapacidad de los Estados del Sur Global de gestionar sus poblaciones refugiadas; y el rápido establecimiento de nuevas rutas para la migración masiva a través de los Balcanes y de Europa del Este hacia destinos preferidos como Alemania, Suecia, Dinamarca o el Reino Unido.

Australia; Cuando los medios de comunicación australianos se hicieron eco del trato que daban los europeos a los solicitantes de asilo, el Primer Ministro Tony Abbott aprovechó y en cuanto tuvo oportunidad halagó a su propio Gobierno por la manera en que trataba a los solicitantes de asilo a través de la política de “rechazar a los barcos”, a pesar de que fuera ilegal de acuerdo con el Derecho internacional: “Si queremos detener las muertes, si queremos detener los ahogamientos, hay que detener a los barcos” Ya no llegan barcos a Australia.

En septiembre de 2015 la Canciller alemana Angela Merkel habló de “obligaciones morales” y de poner en práctica políticas de inmigración merecedoras de lo que Europa representa. La UE sobre todo ha de tener presente que los solicitantes de asilo son personas con derechos según el Derecho internacional, y que no se debe cuestionar su moral porque estén buscando protección. Hasta aquí nada que objetar.

Cientos de miles de refugiados y cifras más pequeñas de migrantes económicos están llegando a las costas del sur y sureste de Europa. La mayoría de los que llegan a Grecia y a Italia no están interesados en quedarse en ninguno de estos dos países. Dada la situación en Siria, Irak, Afganistán y Libia, y la falta de posibilidades para muchos refugiados en estos países de primer asilo, Europa ha de esperar corrientes de refugiados mucho mayores. ¿Podrá continuar mucho más tiempo con su filosofía de “hacer lo mismo de siempre”?.

“Es posible un control de la fronteras sensible con la protección”: Las fronteras externas de la Unión Europea (UE), especialmente las marítimas, no pueden controlarse de forma legal y sensible con la protección. La única forma de controlar una frontera marítima en la práctica es mediante un control extensivo, interceptando rápidamente las embarcaciones sospechosas de transportar “mercancía humana” y devolverlas, empujarlas o repelerlas de vuelta hacia el lugar de donde se crea que proceden.

Estas prácticas especialmente hacia países que no se consideran “terceros países seguros” son ilegales, tanto según el cuerpo legislativo de la UE con relación al asilo o porque ellos mismos sean países que producen refugiados y fuera posible que realizasen devoluciones o retornos arbitrarios. Estas prácticas son muy peligrosas para las vidas de los que son interceptados. Pero, por desgracia, tanto sus defensores como los Estados prefieren mantener la narrativa de que es posible llevar a cabo un control de las fronteras que sea sensible con la protección.

“Los solicitantes de asilo deben quedarse en los países responsables de examinar sus solicitudes de asilo”: Según el Reglamento Dublín III, los solicitantes de asilo deberían quedarse donde les diga la UE. Pero los solicitantes de asilo, como todos los seres humanos, tienen sus propios deseos, su propia interpretación de los factores que rigen sus vidas y sus propios planes. En el momento en que se escribe este artículo, la vasta mayoría de los recién llegados sirios, afganos y otros se negaron a solicitar asilo en Grecia, a pesar de la información que se les ofreció sobre el sistema de Dublín (incluidas las cláusulas de reagrupación familiar) y de los riesgos de seguir viajando de forma irregular, de las tarifas que les cobrarán los contrabandistas y de la oportunidad real de conseguir protección en Grecia. La mayoría están interesados en seguir hasta llegar a Suecia o Alemania con la esperanza de conseguir cruzar la siguiente frontera antes de que se cierre. De hecho, una de las razones que explican la enorme corriente hacia Grecia a mediados de 2015 podría ser la prisa por cruzar la frontera de Serbia y Hungría antes de que se termine de construir la valla fronteriza.

Y en todo este papel que juegan las ONGs y sus barcos de rescate, es legal su actuación, si la ley dice “devolverlas, empujarlas o repelerlas de vuelta hacia el lugar de donde se crea que proceden”.

El sistema de ayuda humanitaria ha alcanzado nuevas cotas de escándalo. “La hipótesis de investigación a verificar es que los sujetos vinculados al ISIS actúen como soporte logístico de los flujos migratorios”, fue la advertencia planteada delante del Comité Schengen, al fiscal italiano contra la mafia y el terrorismo, Franco Roberti. Ahora los jueces están investigando la conexión entre los traficantes de migrantes de África del Norte y las ONG italianas que los rescatan en el Mediterráneo. Los traficantes llevan a los migrantes a los barcos de las ONG, que después llegan a los puertos italianos. Se ha abierto otra investigación judicial sobre los intereses económicos de la mafia en la gestión de los migrantes tras su llegada.

Para entender lo vergonzosas que son estas comparaciones, hemos de ver el coste de cada migrante para los fondos públicos italianos. Los inmigrantes, una vez registrados, reciben un salario mensual de 900 euros al mes (30 euros al día para gastos personales). Otros 900 euros van para los italianos que los acogen. Y se necesitan 600 euros para cubrir los costes del seguro. En general, cada inmigrante cuesta a Italia 2.400 euros al mes. Un policía gana la mitad de esa suma. Y un voluntario naval que salva a los migrantes recibe un salario de 900 al mes. ¿Fueron los nazis tan amables con sus untermenschen judíos?

Frontex desvela en su página web el modus operandi de las decenas de mafias que se benefician de esta tragedia humana. Se estima que en 2015 los traficantes sacaron un rédito de 4.000 millones de euros que es reinvertido en la compra de armamento y drogas. El camino que los migrantes deben recorrer hasta alcanzar Turquía o Libia donde las mafias campan a sus anchas aliadas en muchas ocasiones con milicias y grupos locales que secuestran a las mujeres y las violan es largo. “Muchos traficantes, además, meten a migrantes a punta de pistola en barcas de dudosa resistencia debido a la sobrecarga de gente”. El barco, por tanto, se colapsa y los que allí viajaban mueren hundidos en el mar o sofocados bajo la propia cubierta, atrapados cerca del motor sin que sople el aire, sostiene la agencia. Tan solo en 2015, 154.000 personas cruzaron el Mediterráneo central (es decir, de Libia a Italia), y 18.696 en el primer trimestre de 2016.

Frontex ha criticado la labor de las ONGs como un “factor de atracción, un incentivo para huir, auspiciando así el negocio de los contrabandistas que ganan miles de euros por un lugar en un bote o barcaza de madera no apta para navegar”

No se trata tan siquiera del apoyo que reciben todas estas ONGs por parte de la Open Society es su lucha constante por destruir nuestras costumbres y la convivencia en Europa, y que los políticos europeos están sucumbiendo a la islamización, lo que es peor aún, porque una cosa es dejarles entrar y establecerse, ofreciéndoles un futuro mejor y otra es no obligarles mediante un compromiso aceptar nuestra forma de vida y costumbres y las suyas no pueden estar por encima de las nuestras.

Es que están cometiendo una fragante ilegalidad en la que los gobiernos son cómplices, migración, inmigración y refugiados sí, pero regulados y averiguada sus situaciones en origen o allí en donde están dispuestos a salir. Un aviso a las mafias no se recogerá más “náufragos”

Winston Churchill estaba convencido de que el Mediterráneo era el “punto débil” de la Europa de Hitler. Ahora se ha convertido en el punto débil de la transformación de Europa en Eurabia.

O Europa se planta y establece nuevas condiciones y se frena las operaciones de la Open Society o mal camino llevamos los ciudadanos de Europa.

Se está produciendo un reemplazo de la población en Europa. Las críticas no están permitidas. La invasión se considera un hecho consumado.

¿Y si la ONGs de “rescate” son cooperadores necesarios para delinquir? ¿Cómo se debiera calificar a los gobiernos de Europa que lo permiten?

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