EE.UU. contra Europa

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Existe un riesgo de que el precio del barril de petróleo alcance los USD 100 el próximo año, debido al estrechamiento de la balanza de oferta y demanda en el mercado global, dijo el gigante de inversiones, Bank of America Merrill Lynch, en un reporte emitido el jueves pasado.

Después de que el presidente de EEUU, Donald Trump, anunció que se retiraría del acuerdo nuclear con Irán, el petróleo alcanzó precios que no se habían visto desde noviembre de 2014.

La presidencia de Donald Trump ha entrado en un punto crítico. Tras romper esta semana el acuerdo nuclear con Irán, el mandatario ha dado luz verde a la apertura este lunes de la embajada en Jerusalén, luego decidirá la suerte del Tratado de Libre Comercio con Canadá y México, después el destino de la guerra arancelaria con Europa, y el 12 de junio, el futuro nuclear de Corea del Norte. En apenas un mes, el mundo habrá asistido a un terremoto geoestratégico del que emergerá el nuevo orden soñado por Trump. El de una América más solitaria que nunca.

No habrá paz en Europa si los Estados se reconstruyen sobre una base de soberanía nacional. Son demasiado pequeños para asegurar a sus pueblos la prosperidad y los avances sociales indispensables. Ello exige que se agrupen en una federación o “entidad europea” que los convierta en una unidad económica común. Tal y como defendía en 1943 Jean Monnet, uno de los padres de lo que sería la Unión Europea, el futuro del continente dependía en su totalidad de la progresiva integración de los países que lo conformaban. Es así como Bélgica, Francia, Alemania Occidental, Italia, Países Bajos y Luxemburgo cederían parte de sus competencias a la Alta Autoridad de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) con el Tratado de París de 1951.

La progresiva integración económica, política y social de la Comunidad Europea parecía imparable tras la sucesión de numerosos tratados —Maastricht (1992), Ámsterdam (1997), Niza (2001)—. El mayor varapalo ocurrió, sin embargo, en la capital de uno de los países fundadores, Roma, donde se firmó la fallida Constitución Europea. Tras unos años de “período de reflexión”, el espíritu europeo se recuperó con el Tratado de Lisboa, pero el precedente de la Constitución parecía marchitar el sueño de alcanzar unos “Estados Unidos de Europa”, como defendía Winston Churchill, uno de sus promotores.

La introducción del euro como moneda común en 2002, así como la gran ampliación de 2004 —diez nuevos países entraron en un grupo formado hasta la fecha por quince—, tuvo un gran impacto para los más eurófilos, que veían la posibilidad real de transformar la Unión Europea en un verdadero sistema federal, tal y como Churchill defendía. De haberlo conseguido, la Unión Europea habría cumplido la profecía que predicaba el fin del sistema westfaliano de Estado soberano tras ceder los países progresivamente su independencia de forma pacífica a un ente supranacional y comenzar así una nueva etapa en la Historia.

Un memorando del Departamento de Estado de Estados Unidos (documento completo en pdf)  con fecha de 11 de junio de 1965, informaba al vice-presidente de la Comunidad Económica Europea, Robert Marjolin, que persiguiera la unión monetaria a hurtadillas. Le recomendaba suprimir todo debate al respecto hasta que se llegara al punto en que “la adopción de este tipo de propuestas se convirtiera en algo prácticamente ineludible”.

Por si teníamos dudas de este origen y plan pre establecido en la reciente cumbre de la OTAN el pasado día 25 de mayo en Bruselas, el embajador de EE.UU. ante la Unión Europa, Ted Malloch, mostró la firme oposición de Washington a la posible creación de unos Estados Unidos de Europa.

Trump destruirá el euro  Los objetivos clave hasta ahora son China y Alemania, dos países con el mayor superávit comercial con Estados Unidos. Una mirada más cercana, sin embargo, sugiere que Washington se está preparando para lanzar lo que James Rickards, a veces asesor en los mercados de capitales a la comunidad de inteligencia de EE.UU., se refiere como “guerras de divisas”. Los Gobiernos de ambos países renuncian a seguir utilizando la divisa norteamericana en sus intercambios comerciales y anuncian que a partir de ahora operarán con sus respectivas monedas.

Aquí Alemania está en el corazón, una razón, quizás, porqué la canciller Merkel parece tener dolores severos de cabeza, cada vez que se pronuncia el nombre Trump, socio no fiable.

En un artículo publicado el sábado en el diario estadounidense The Washington Post se analiza cómo los líderes europeos intentan mejorar los lazos con Irán y aprovechar las oportunidades económicas surgidas a raíz del Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés), mientras que el Gobierno de EE.UU. insiste en imponer más sanciones y “aislar” al país persa.

El presidente francés, Emmanuel Macron, se mostró hoy partidario de buscar un pacto nuclear más amplio con Irán al margen de que Estados Unidos decida finalmente retirarse del acuerdo firmado en 2015. El mandatario francés realiza estas declaraciones después de que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acusara a Teherán de tener un programa nuclear oculto, algo que Washington parece creer pese a las reticencias de Europa. Como no hay que olvidar las inversiones petroleras de Total en Irán. Europa estrecha lazos con Irán.

En todo caso, la alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior y la Seguridad Común incidió en que si cualquier parte o país “tiene información sobre incumplimiento de cualquier tipo, puede y debe dirigirse y canalizar esa información a los mecanismos adecuados, legítimos y reconocidos, la OIEA y el acuerdo nuclear”.

Por su parte, Rusia llamó a comprobar la veracidad de los documentos desvelados por Israel. ”Considero que esto no es motivo para convocar una reunión de la comisión (del Organismo Internacional de la Energía Atómica, OIEA), ya que primero hay que analizar esos 100.000 documentos para comprobar si son verídicos”, declaró Mijaíl Uliánov, embajador ruso ante las organizaciones internacionales en Viena, a medios locales. No olvidemos todas las falsedades promovidas por los EE.UU e Israel principalmente.

El plan del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de retirarse del acuerdo de 2015 para frenar el programa nuclear de Irán plantea una nueva incertidumbre, aunque Bloomberg Economics estima que esta y otras crisis de suministro similares representan la mitad del reciente aumento del precio del petróleo.

¿Qué significa para el crecimiento global? Europa es vulnerable dado que el crecimiento y la actividad industrial ya se están moderando y muchos de los países de la región son importadores de petróleo.

¿Quién gana con los precios más altos del petróleo? Arabia Saudita lidera el grupo con una producción neta de petróleo que es casi el 21 por ciento del producto interno bruto al 2016, más del doble que la de Rusia, que es el siguiente entre los 15 principales mercados emergentes clasificados por Bloomberg Economics.

¿Qué significa para la economía estadounidense, la más grande del mundo? Un aumento en los precios del petróleo representa un riesgo mucho menor para la economía de Estados Unidos de lo que solía hacerlo, gracias al auge de la producción de petróleo shale.

¿Llevará a una mayor inflación en todo el mundo? El aumento sustancial en los precios del petróleo podría proporcionar un repunte más duradero para la inflación general a medida que los costos se filtran hacia transporte y servicios públicos y otras industrias asociadas.

¿Qué significa para los bancos centrales? Si los precios más fuertes del petróleo aumentan sustancialmente la inflación, los bancos centrales en general tendrán una razón menos (grande) para mantener la política monetaria en espera mientras la Fed avanza en su ciclo de ajuste.

La subida del precio del petróleo podría costar a España unos 5.500 millones de euros. La economía española importa unos 450 millones de barriles al año. En 2017 el precio medio rondó los 55 dólares. Y este año se esperaba que se situase en los 65. Sin embargo, tras el anuncio de Trump de romper el pacto nuclear con Irán, se ha disparado hasta los 77 dólares y las casas de análisis ya manejan cifras medias en torno a 70 dólares para 2018. Con esta cotización y si se mantiene la valoración de la divisa europea, unos 5.500 millones de euros se irían de España a los países productores de crudo este año. Además, según cálculos del Ministerio de Economía, este mayor coste tendría también efectos negativos en el consumo y, en última instancia, en el empleo.

Tocaran los cheques de Montoro para sostener a la quebrada Cataluña, y Alemania no sólo está pensando en reducir drásticamente la compra venta de deuda en Europa, con lo cual Madrid se verá obligada a subir impuestos por encima del 3%, algo que será de escándalo nacional cuando por ende siga enviando cheques a Cataluña con ese incremento que descuenta de otras autonomías.

Lo que supone un crecimiento para los países productores, será inflación para los países no productores que lo consumen como España.

Con un PIB superado por la Deuda, solo hacía falta un empujón para que el peso de la inflación obligue a medidas impopulares que acabarán con el corrupto gobierno de Madrid y el corrupto y traidor gobierno catalán, “155.000 empleos menos por el alza de los precios del petróleo”.

El fin de las autonomías está próximo, pero como estas se resisten por el nivel de bienestar que genera en uno de cada cinco empleados que son funcionarios, vamos a ver por primera vez impagos desde el mismo gobierno que por no declararse en banca rota podría pedir un rescate al Fondo Monetario Internacional como Argentina, si los jueces alemanes aplican el recorte de compra venta de bonos de deuda.

Parece ser que en algún momento de su vida Jean Monnet dijo que, si tuviera que volver a pensar la Unión Europea, no empezaría por el carbón y el acero, sino por la cultura. Y lo cierto es que tras diversas crisis y un terremoto sin precedentes desencadenado por el Brexit, la ansiada unión cultural de Europa parece haberse diluido en un mar de números, ajustes y burocracia. Por eso El Cultural ha reunido a Mauro Armiño, Adan Kovacsics y Miguel Sáenz, tres de los grandes traductores e intérpretes de algunas de las literaturas continentales. Con ellos revisamos el difícil trasvase cultural entre las naciones del continente.

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